Santiago Rey
Exposiciones de Fotografia en Buenos Aires

Santiago Rey

Parte de la muestra: Los días en el mar no cuentan de Santiago Rey.

Santiago Rey
Santiago Rey

La unidad construida gracias a la existencia de un objetivo común llevó a los hombres a querer ser más de lo que eran. Unirse para alcanzar le cielo les costó la división eterna. La vida eterna ya la habían perdido.

Al igual que ícaro, quien derrite sus alas a pesar de las indicaciones de su padre, la división de lenguas fue un castigo divino a la ambición humana. Dio lugar a la dificultad de comunicación pero también, topó a los hombres ante la necesidad de construir puentes que los enlacen suplantando la falta.

Quizás, gracias a ello, la comunicación fue un don desarrollado por la humanidad misma, más allá de la intervención divina…

Santi ficciona esa construcción, la cual no llegará al cielo porque respeta la medida del hombre y tampoco saldrá a ver la luz del día por mucho tiempo, porque es un objeto condenado a la sala eterna. De esta manera, este objeto que de ready made no tiene nada, es objeto de discordia, porque recoloca en el centro de la escena cuestiones que han hecho a las discusiones centrales de la historia de la humanidad, me refiero con ello a las capacidades reales del hombre, su soberbia, sus pretensiones de grandilocuencia y su desmesura.

La memoria, como aquello que contiene y retiene parte del devenir natural, también aparece aquí en calidad de problemática, no tanto porque se la trate como tema de pensamiento, sino porque es inevitable su recuperación. El objeto alberga la memoria de todos los objetos que no es pero se le parecen. De esta manera, una comunidad posible, quizás marxista por su materialidad o quizás babelíca por su desmesura, se hace cuerpo por medio de banquitos apilados que no estallan en una caída inminente, sino que laten en un continuo equilibrio pleno de movimientos sutiles, una arquitectura no habitable que se inclina gracias a sus imperfecciones invisibles.

La obra de Santi es una obra que nace de un proyecto, este artista puede inspirarse en los objetos más cotidianos, pero la pieza se construye desde cero… ¿ex nihilo?. Las piezas de este artista son eso que son y entonces su ser obra se convierte en una parte inmanente a sí mismas, cada una de las piezas de esta exhibición son objetos que son lo que nacieron para ser y es altamente improbable que sean una otra cosa en el futuro.

Así, rotas, chocadas, apiladas o empañadas, se suspenden en un estado eterno, como toda obra de arte histórica, se detienen y titilan delante de un fondo de oscuridad, para contemplarse entre sí y con otras. Se miran inertes estableciendo referencias que determinan coordenadas de espacio y tiempo, para ser parte de una comunidad de obras, como el artista lo es de una comunidad de artistas.

De la misma manera, Santi atiende a sus compañeros de ruta a quienes también captura en un instante cualquiera que se detiene e inmortaliza. Ellos, sus amigos, son sus grandes referentes, para quienes aquí presenciamos un monumento mortuorio, un presagio irónico y un reconocimiento de valor y existencia singulares.

El tiempo, al fin y al cabo, termina con todo.

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