Exposiciones de Fotografia en Buenos Aires

Ojo de Pez en Arte x Arte

FUTURAS MEMORIAS
Por Victoria Verlichak

Entre el entusiasmo y la constancia, los autores de estas fotografías capturaron bellos e inquietantes instantes que ya son parte del pasado y también del porvenir; pertenecen a sus futuras memorias. Rostros y juegos, vistas urbanas y paisajes de la naturaleza, son intensas y significativas presencias para atesorar. Estas miradas revelan la real dimensión de los atrevimientos de los fotógrafos y las energías de los docentes de Ojo de pez.

Cronistas de sus vidas, los participantes de estos talleres de fotografía digital y video testimonian su circunstancia y exploran sus alrededores. Son adolescentes que buscaron y encontraron fuerza y pasión para iniciar un camino de creación y comunicación. El proyecto Ojo de pez es coordinado por el Centro Conviven y se desarrolla en barrios porteños y bonaerenses sumergidos en un difícil entorno “de vulnerabilidad social”. Liderados por un equipo de personas tan creativas como generosas, los talleres Ojo de pez -en acertada síntesis de lo que significan en la realidad- llevan el nombre que designa al lente de una cámara que posee un ángulo de visión inclusivo, que desde un espacio limitado llega a captar un arco de hasta 180 grados o más; es el objetivo fotográfico que logra que la imagen resultante aparezca en su totalidad, aunque distorsionada y como reflejada en una esfera.

No existe un mirar neutro, tampoco un encuadre indiferente. Las fotografías de esta exhibición manifiestan las decisiones de los autores, junto a su sensibilidad y diversidad estética. Las imágenes evidencian la curiosidad y la habilidad de los fotógrafos; enseñan a ver más allá de los momentos detenidos por la cámara. Son una cabal expresión de que -como dijera Roberto Arlt, a propósito de la literatura- “el futuro” es posible, “por prepotencia de trabajo”.

Ojo de Pez 01 Ojo de Pez 02 Ojo de Pez 03

Hacemos Ojo de Pez

Dirección: Valmir Vieira, Centro Conviven
Coordinación: Ariel Ballester – Rita Stivala
Fotografía: Luis Gómez, Verónica Iglesia, Pablo Vitale, Gabriel González
Video: Gabriela D’Angelo, Juan Manuel Federico, Federico Vázquez, Mercedes Biagioni

Ojo de Pez trabaja junto a las siguientes Instituciones: Centro Conviven, Escuela de Educación Media N° 2 Distrito 20, Centro Juvenil Los del Fondo, Centro Juvenil Lola Mora
En gestión asociada con la Dirección General de Niñez y Adolescencia – Programa Adolescencia y con la Secretaría de Hábitat e Inclusión, Gobierno de la C.A.B.A.

Agradecemos a: Andrés Lofiego, Caitlin Kelly y Martín Rosenthal que en diferentes etapas del proyecto fueron parte del mismo.

FUTURAS MEMORIAS
Hasta el 26 de marzo
ARTE X ARTE – Lavalleja 1062
Teléfonos/fax 54+11 4773-2738 / 4772-6754
martes a viernes de 13.30 a 20hs / sábados de 11.30 a 15hs

Construir una mirada y una realidad mejor

NOTA PUBLICADA EN LA REVISTA EÑE – LINK ORIGINAL

Una muestra exhibe fotos tomadas por adolescentes alumnos del taller Ojo de pez, proyecto de inclusión social a través de la fotografía y el video que funciona en Mataderos, a metros de Ciudad Oculta.
POR MARCELA MAZZEI

En la primera pared de la sala cuelgan retratos de niños. Escenas risueñas con perros y gatos, camisetas de Boca, un disfraz del Hombre Araña y la inquietante imagen de un chico que apunta a la cámara con un arma de juguete. En la pared contigua, los doce pisos del Elefante blanco en una toma subjetiva revelan una intención; igual que la fotografía de la mano que sostiene una flor silvestre de amarillo intenso para hacerla brillar en contraste con el cielo. Son algunas de las 60 fotografías de la muestra Futuras memorias, que estos días se exhibe en la galería Arte x Arte. Todas fueron tomadas por adolescentes alumnos del taller Ojo de pez (www.ojodepez.org.ar ), un proyecto de inclusión social a través de la fotografía y el video que funciona en el Centro Convivir, de Mataderos, a metros de Ciudad Oculta, y en otros barrios porteños y bonaerenses en situación vulnerable.

Ojo de pez nació con la donación de unas cámaras digitales por parte de un sociólogo holandés, en 2007. Desde entonces, los alumnos reciben una cámara a préstamo por una semana con la consigna de tomar fotos de su vida cotidiana. “La idea es que aprendan a manejar la herramienta y salgan a contar sus vidas”, explicó Ariel Ballester, uno de los coordinadores, el día de la inauguración. Ellos mismos descargan, retocan y editan las imágenes para discutirlas con los demás. “Antes del taller no suelen hacer fotos porque no tienen acceso al teléfono con cámara o a las cámaras digitales, pero sí tienen contacto con la imagen de la tevé o del cíber, y se apropian muy rápido del lenguaje”. Entre ejercicios de luz y color, se genera allí un espacio que habilita tratar temas complejos (que muchas veces pueden fotografiar pero no enunciar, como las drogas, la violencia, etc.) Además, se entrenan en el apego a las normas y descubren, en visitas grupales, desde el circuito cultural de los museos y galerías de arte hasta paisajes desconocidos de Tigre o el Obelisco, que algunos chicos nunca antes habían visto en persona.

En el taller, como ejercicio de fotografía testimonial en una realidad similar, hay motivos que se repiten. Por ejemplo, las madres adolescentes que regresan poco después del parto con las fotos de sus bebés y no se mueven del registro. Pero los enfoques son diversos: los retratos del interior de la casa, los paisajes desde la terraza, las formas arquitectónicas en vistas urbanas. En una de ellas, unos tanques de amarillo industrial sobresalen de un paredón con un grafiti que llegó para tapar a medias una pintada del Pro; en otra se ve un patio perfectamente dividido con chapas: de un lado, la ropa en la soga; del otro, la basura acumulada, más allá los carros y las paredes sin revocar. ¿Qué pasa con esa escena cuando sabemos que es la vista que el autor tiene desde su ventana? Sin embargo, en Futuras memorias predomina el color sobre el blanco y negro, las fotos cálidas y tiernas sobre las desgarradoras. Es un recorte, una decisión no contar todo lo terrible que podría ser, admitió Ballester.

También hay hallazgos, como un perro caniche en espejo con un hongo en el jardín de una casa del barrio Piedrabuena; la cuadrícula simétrica que forman las pequeñas ventanas de una casa de construcción irregular; y dos amigas subiendo una pendiente que dibuja perfecta la perspectiva. Desde la ventana de su abuela, en el complejo Lugano I y II, Rocío tomó la imagen de un edificio y una pileta con agua estancada. “Es un club, pero me gusta porque más allá se puede ver otras cosas”, explicó ella, que llegó a la inauguración junto a Brian, otro alumno con varios años cursados.

Con el tiempo algunos se convirtieron en los fotógrafos de la familia; otros, por su entusiasmo, en “alumnos guía”. Rocío y Brian están entre ellos, representan al proyecto en visitas a escuelas, viajes y hacen también cobertura de eventos. Al principio, Rocío se mostró tímida y deslizó “no soy buena para muchas cosas”, hasta que se dejó llevar por el diálogo y relató cómo fue la noche en la que, junto a una compañera, cubrió un espectáculo de gospel. “Fue difícil, porque estaba oscuro, con luces fucsia y turquesa. Pero nos dieron las Reflex, te sentís re poderosa, te dejan andar por todas partes y nadie te dice nada”. La anécdota llegó para iluminar eso a lo que Ballester se refería cuando dijo que estaban trabajando la autoestima. “Las muestras nos ponen en situación de que todos podemos hacer arte y todos tenemos algo que decir”.

En Ojo de pez aspiran a continuar con su trabajo, que es estimulante, difícil de sostener y muy emotivo. Lo mostró el coordinador más de una vez mientras recorría la sala y contaba, por ejemplo, que el sábado 23, en un colectivo que saldrá desde Mataderos, el grupo completo de los fotógrafos adolescentes llegará a ver su propia muestra, a mostrársela a su familia. Ese conjunto de imágenes, de mucha calidad y representativo del trabajo de los talleres, es el resultado del aprendizaje de técnicas y de la construcción de una mirada propia, pero a la vez expresa un deseo en parte consumado, que se conviertan en recuerdos (“futuras memorias”) por haber conseguido sus autores la perspectiva necesaria para distanciarse de su realidad inmediata y soñar con una mejor.

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