Exposiciones de Fotografia en Buenos Aires

Anatole Saderman, el fotógrafo que se muestra en cada retrato

Anatole Saderman fue quizá el mayor retratista de la fotografía argentina. Por su estudio pasaron cientos de artistas pioneros de la pintura moderna en el país. Una muestra se enfoca en ese vínculo.

POR EDUARDO VILLAR – Publicado en la Revista Ñ

Fueron cientos de artistas plásticos los que en esos años pasaron por el estudio de quien fue probablemente el mejor retratista entre los fotógrafos de la Argentina, Anatole Saderman. Muchos eran amigos del fotógrafo, que poco tiempo después de establecerse en Buenos Aires, abrió su propio espacio de trabajo en Callao entre Charcas y Santa Fe, en 1934.

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Otros tantos se hicieron amigos de él luego de ser retratados allí. Una parte muy pequeña pero maravillosa de esos encuentros, del paso de aquellos artistas por el estudio de este otro artista, se vislumbra en la muestra Anatole Saderman. Retratos, autorretratos + retratos , que puede verse en estos días en la Sala 12 del Centro Cultural Recoleta. La muestra es organizada por la Fundación Alon, con curaduría de Alberto Giudici y Alejandro Saderman, hijo del fotógrafo. Es él, Saderman hijo, quien cuenta la historia en uno de los textos del bello libro en el que se reproducen las obras expuestas, editado por la Fundación Alon para las Artes que acompaña la exhibición, algo que ya es casi una costumbre establecida por su presidente, Jacobo Fiterman.

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Cuenta Alejandro Saderman que el primer artista que fue retratado en el estudio por su padre fue el escultor Luis Falcini. Luego siguieron Daneri, Spilimbergo, Urruchúa, Victorica, Castagnino, Soldi, Berni, Quinquela Martín y muchos más. Y cita luego los apuntes de Anatole: “Recuerdo que Daneri dijo en cierta ocasión: A este muchacho hay que darle algo por todas estas fotos, y me regaló una hermosa naturaleza muerta. Ese regalo fue colgado en la pared más visible del estudio y cuando algún pintor me preguntaba de dónde tenía yo ese cuadro, yo le contaba del magnífico gesto de Daneri”.

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La voz se corrió entre los plásticos –cuenta ahora Alejandro– y muchos comenzaron a acercarse al estudio en busca de retratos fotográficos. Así creció una colección personal extraordinaria de obras de artistas argentinos. Y en determinado momento Saderman le dio una dirección a esa pinacoteca: comenzó a pedirles a los artistas no cualquier pintura a cambio de sus retratos, sino un autorretrato. En algún momento la colección de autorretratos de artistas argentinos contemporáneos de Saderman superó el centenar, se hicieron con ella un par de exposiciones y, en 1978, se editó un libro.

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La muestra de hoy en el Recoleta y el libro editado por Alon rescatan el intercambio de aquellos años entre Saderman y sus retratados. Se exhiben pares: el retrato que el fotógrafo hizo de cada artista y una reproducción del autorretrato que el artista canjeó al fotógrafo por su obra. Pero tal vez el núcleo de la muestra sea algo intangible: el vínculo que Saderman establecía con sus modelos, que de una manera indescriptible está presente en sus retratos.

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Algo acerca de ese vínculo que él consideraba imprescindible escribió en un famoso texto suyo que tituló Para fotógrafos. Un decálogo sin mucha importancia (que es muy importante leer) . Dicen dos de esas diez reglas del maestro: “Ama al prójimo a quien vas a retratar. Si no puedes amarlo, ódialo. Si te es indiferente, fotografía mejor una botella de alguna bebida gaseosa: puede rendirte más y aparte, no protesta ni te da indicaciones (…) Estudia las caras de tus prójimos ‘de ojito’, sin cámara: en el colectivo, en el bar, en la calle suceden milagros de expresión y de iluminación”.

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En las casi cuarenta fotografías de la muestra se hace evidente que Saderman se tomaba su tiempo para llegar al centro del modelo a retratar, para entender un rostro, una mirada, para llegar a la esencia de la persona que tenía frente a sí.

Hablamos no de ideas, ni de historias ni de palabras, sino de otra manera de entender, hecha de luces y sombras, de líneas y de brillos, de silencios, de emoción. Volvemos al decálogo del maestro, a sus dos primeras leyes:

1) Lo más difícil en el oficio del retratista es perderle el miedo al asunto.

2) Pero a lo mejor no es miedo, sino emoción. Esta, mejor, no la pierdas nunca; un retrato, sin emoción, no es un retrato, es una foto: una en un millón.”

Así fotografiaba Anatole Saderman. Hay en todos –o casi todos–sus retratos rasgos en común: un encuadre cerrado, ceñido sobre el rostro; iluminación lateral; una mitad del rostro llena de luz; la otra mitad, llena de sombra, donde refulge un brillo en el ojo; la mirada del fotógrafo centrada en la mirada del modelo; un instante de ausencia en el gesto del retratado; un momento de verdad, de pérdida de la máscara que todos llevamos puesta todo el tiempo.

Cuando excepcionalmente abre el plano, lo que está alrededor pasa a ser parte esencial del retratado, como en el caso de Carlos Alonso, que sostiene un lápiz y una hoja de dibujo contra el pecho. O el de José Antonio Fernández-Muro, que parece integrado al grupo de personas de uno de sus cuadros.

Pero así como están esos rasgos comunes en los retratos de Saderman, eso que podría llamarse su estilo, también están en cada uno de sus retratos los rasgos únicos y distintivos del retratado. Su estilo nunca se impone, nunca desdibuja al modelo: por el contrario, lo revela, lo vuelve visible. En el momento de la toma, Saderman no está atento a su estilo, está atento a la persona que tiene enfrente. “No busques un estilo ‘especial’. Si tienes garra, ‘tu’ estilo cristalizará cuando menos lo pienses”, dice otra de las reglas de su decálogo.

Entre los cuarenta retratos de la muestra hay algunos en los que vale la pena detenerse. Por ejemplo, el de Luis Falcini, el de Yuyo Noé, el de Ricardo Carpani, el de Rómulo Macció, y el de la risa contagiosa de Antonio Pujía. En todos ellos está retratada también la mirada de Anatole Saderman.

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FICHA
Anatole Saderman. Retratos, autorretratos + retratos
Lugar: Centro Cultural Recoleta,
Junín 1930, sala 12
Fecha: hasta el 10 de febrero
Horario: martes a viernes, 14 a
21; sabados y domingos, 12 a 21
Entrada: gratis

Saderman básico
Moscu, 1904 – Buenos Aires, 1993. Fotógrafo.

El fotógrafo ruso Nicolás Yarovoff fue su maestro. Al tiempo que se vincula con los artistas plásticos e intelectuales, comienza a desligarse de la fotografía comercial y afirma su orientación hacia el retrato de carácter. Expuso en la Argentina y en el exterior. Nunca dejó de lado la actividad docente. Fue socio fundador de la Asociación de Fotógrafos Profesionales, del Foto Club Argentino y del Foto Club Buenos Aires. En 1960 el Fondo Nacional de las Artes incorporó a su colección unos 300 retratos suyos de artistas plásticos argentinos

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